Sucede una tarde o una anochecer, ni siquiera hace falta un día entero. Fijas la mirada en cualquier punto lejano, un edificio un árbol bamboleándose o un marco con una foto no actual. Así comienza el cambio de prioridades, la mente las va reordenando. Abrazar y jugar con tus hijos o sobrinos es mejor que repasar la gramática inglesa , preparar un evento de fin de semana es mucho más interesante que revisar la contabilidad doméstica.
De repente sabes que ha empezado una nueva forma de actuar y que ha llegado para quedarse una buena temporada, de hecho no le ves el fin, de la misma forma que no pensabas cambiar esa estrategia ordenada anterior .

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